No respondas a los silbidos
Una noche de tormenta, se escuchó un silbido fuerte y claro a pesar del ruido de la lluvia.
Al mirar hacia afuera por la ventana, no había un alma. ¿Cómo podría pasar alguien por ahí, con las calles inundadas?. El sonido del silbido se alejaba, pero no lo acompañaban pasos ni motores. Era una canción que nunca había escuchado antes, algo en ella me daba una sensación incómoda e inquientante, siniestra.
Nadie en el pasillo de al lado. En el único departamento contiguo no se encontraban inquilinos viviendo. Nadie a lo lejos. Nadie en el caminito de tierra que cruzaba la plaza. Sólo la oscuridad y una melodía tétrica.


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